B. Cremades & Asociados Despacho de abogados
Intervención de Bernardo M. Cremades en el VII Congreso Latinoamericano de Arbitraje

Intervención de Bernardo M. Cremades en el VII Congreso Latinoamericano de Arbitraje

25 abril 2013

Bernardo M. Cremades Sanz-Pastor

Texto de la intervención de Bernardo M. Cremades agradeciendo el libro-homenaje (Arbitraje Internacional. Pasado, presente y futuro, dos tomos, Instituto Peruano de Arbitraje, Lima 2013) y el título de Profesor Honorario de la Universidad de Lima el dia 24 de abril 2013.



La hora de los homenajes



Bernardo M. Cremades


Con enorme agradecimiento he escuchado vuestras cariñosas palabras presentando tan importantes homenajes, que recibo desde la humildad de quien a lo largo de su vida ha pretendido ser un profesional de la docencia y del Derecho. Nuestra verdadera  profesión requiere huir de los focos mediáticos. Somos artesanos que disfrutamos del silencio en nuestra soledad.

Vuestra extraordinaria generosidad me obliga a echar la mirada atrás, en esta vida que ha pasado con velocidad de vértigo. Decía García Márquez en el epígrafe de sus memorias que "la vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla". Hoy, me colocáis en el certero recuerdo contemplando a los presentes, a los dos tomos que recogen la contribución académica de gran altura de muchos amigos y a la Universidad a la que he dedicado tantas ilusiones.

Cuando observo a quienes habéis tenido hoy la amabilidad de acompañarnos, recuerdo la reciente lectura del magnífico libro escrito por Lurgio Gavilán Sánchez (Memorias de un soldado desconocido, Lima 2012), quien-después de una vida intensa en las filas de Sendero Luminoso, en el cuartel militar,  luego, para terminar en un convento franciscano- indicaba que "algunas veces el hombre andino se siente como si tuviera poder sobre las cosas como el allqu (perro) que divisa el alma que camina al lado del hombre. Pero, otras veces, te sientes como si fueras la cosa más pequeña de todas las cosas del universo, sin poder hacer nada". Os confieso que con los años sólo soy consciente del paso del tiempo cuando contemplo, con orgullo, a mis dos hijos madurando en sus respectivos anhelos y actividades con el mismo optimismo y dinamismo que yo  cuando empezaba igualmente mi vida profesional.

El extraordinario libro-homenaje, en dos tomos y con el mejor nivel académico  con que se pueda tratar el arbitraje internacional es, sobre todo, la prueba del cariño de numerosos colegas.  En este largo trayecto en la ruta el arbitraje hemos dejado muchos amigos, verdaderos hermanos que hoy nos tributan esta prueba de que la solución de los litigios por via arbitral hace realidad la milonga de Atahualpa Yupanqui : "yo tengo tantos hermanos que no los puedo contar y una novia muy hermosa que se llama libertad". En el camino de la autonomía de la voluntad, de la libertad de los pueblos, es decir en el mundo del arbitraje, las amistades que forjamos día a día es nuestro mejor patrimonio. Hoy las vemos reunidas en estos tres tomos.

El título de Profesor Honorario de esta Universidad de Lima me llena de orgullo y me trae entrañables recuerdos, pues, si alguna meta tuve desde mis primeros pasos por la Facultad de Derecho, esa fue la de llegar a ser Catedrático de Universidad. La fortuna y algo de esfuerzo me permitió colmar ya muy joven mis deseos. Mi vinculación, además,  a estas entrañables tierras peruanas la reconoceréis cuando conozcáis que uno de mis apellidos es Piérola, pariente pues de ese controvertido  protagonista de vuestra ya lejana historia política.

Hace tres décadas veníamos Yves Derains y yo, casi en viaje de misiones. Llenábamos foros  predicando la buena nueva del arbitraje a audiencias muy interesadas en el tema. Nos tomaban por visionarios: frente al monopolio jurisdiccional del Estado, abríamos la puerta a la solución de los posibles conflictos por vias pactadas, no por decisión del juez-funcionario,  y con arreglo a criterios internacionales. La doctrina Calvo chocaba con nuestros planteamientos. Con gran moral recordábamos al gran Antonio Machado: "caminante, no hay camino,  se hace camino al andar". El arbitraje comercial empezó a abrirse paso,  incluso con empresas estatales y también con los propios Estados. Las privatizaciones y la financiación de grandes infraestructuras introdujeron los tratados bi y multilaterales de protección de inversiones; y, con ellos, los arbitrajes de protección de inversiones. El arbitraje internacional goza hoy en la América Latina de muy buena salud. Yo diría sin exagerar que en el derecho internacional económico ya no se habla sólo en inglés y con conceptos jurídicos anglosajones. Buena parte de la jurisprudencia arbitral se elabora en aplicación de nuestros derechos: hemos creado una nueva doctrina legal internacional con una fuerte impronta hispánica.

Pero no todo debe quedar hoy en una pura complacencia de lo que nuestra generación ha logrado al abrir nuestros paises al arbitraje internacional . No podemos olvidar la lucha entre ARIEL y CALIBAN que describiera el  uruguayo José Enrique Rodó en su magistral ambientación latinoamericana de la obra de Shakespeare "La tempestad". El peligro que nos acecha es el monstruo que en cierta forma estamos creando en la práctica  del arbitraje: la gran industria en la que algunos lo han convertido. Los grandes operadores de esta solución de litigios nos hacen recordar a Flaubert: "odio la mediocridad envalentonada por la nivelación y la tiranía irresponsable del número". Los procedimientos de arbitraje se han hecho excesivamente lentos y costosos, probablemente porque hay que alimentar grandes estructuras. Rodó nos recordaba igualmente que el oro acumulado por el mercantilismo de las repúblicas italianas pagó los gastos del Renacimiento. El extraordinario florecimiento de las diferentes actividades que rodean a la industria del arbitraje es el producto financiado por ese gran negocio, para no pocos, el arbitraje internacional.

La importancia que tienen los grandes arbitrajes en la América latina no siempre viene acompañada de un efectivo protagonismo de los juristas de nuestro entorno. Me gustaría también recordar a ese valiente hombre del Derecho que fue el peruano Mariano Alejo Alvarez. En 1811, desafiando a la Corona y sobre todo a quienes se amparaban en ella para defender sus no siempre legítimos intereses, escribió su "discurso sobre la preferencia que deben tener los americanos en los empleos de América". Ahora que el arbitraje internacional tiene carta de naturaleza en nuestros paises es hora de reclamar con firmeza el uso de nuestro idioma, la mayor designación de tantos árbitros ya muy experimentados con nuestra formación jurídica y, sobre todo, la representación letrada de las empresas y Estados latinoamericanos por abogados y despachos cuyos intereses no estén mediatizados por una excluyente cultura anglosajona. No vale lamentarse, hay que responsabilizarse a todos los niveles. Resulta muy chocante ver a empresas españolas o latinoamericanas litigando entre ellas o incluso con nuestros  Estados en inglés, con abogados extranjeros y con árbitros que no entienden nuestro idioma, pero aplicando nuestros textos legales malamente traducidos y sin la correcta interpretación de una cultura jurídica en la que hemos crecido en nuestras  facultades de Derecho.

Como no podía ser de otra forma, volvemos siempre al Alma Mater, a esas aulas que nos han enseñado a entusiasmarnos y a ilusionar a nuestros alumnos y colegas. A partir de hoy, en la Universidad de Lima como vuestro profesor honorario. Tenía razón Cesar Miró  al recordarnos en su vals peruano que "todos vuelven a la tierra en que nacieron...todos vuelven al rincón donde vivieron".  Yo diría, a las aulas universitarias" donde acaso floreció más de un amor".



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